“RETRATOS”

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El Museo Municipal de Arte Moderno  inauguró el 14 de Octubre la Muestra de Marcelo Aguirre “RETRATOS”, artista y actor quiteño, hace un cruce entre dos gestos, el de encontrar la expresión de los rostros y el de buscar al personaje que se construye en la escena cinematográfica.

En esos dos gestos hay una continuidad para él, una comunidad. Algo que tiene que ver con retratar.

El personaje y el rostro no son dos partes de un mismo sistema. No se pintan los rostros de los personajes: más bien se pintan los rostros que subjetivan los cuerpos, cuerpos que se han quitado las máscaras que los sujetaban en su rol. El rostro es aquello que libera a la conciencia del personaje fijo. Hemos creído que la máscara libera… la máscara nos permite performar la recomposición del sujeto que es siempre incompleto. La máscara es una cárcel que procura una enorme sensación de libertad porque nos libera de la muerte del sujeto. El sujeto vive en el rostro. El sujeto es el que le da sentido a la máscara al desarticular el signo del personaje.

 

Retratar es dejar aparecer el rostro de aquel que es retratado, es darle un rostro. Los animales no tienen rostro. Sin embargo algunos rostros son animalescos. Los rostros no son máscaras pero encontramos en ellos la misma estructura de máscara de “agujeros negros-pared blanca” (Deleuze), para definir un sistema de doble semiótica basado en dos ejes: uno de significancia y otro de subjetivación. Los agujeros subjetivan: ojos, narices, boca, orejas, hacen el ser percipiente y pensante; la pared blanca homologa. El rostro de Cristo en el sudario, el rostro del arlequín, el rostro del diablo Uma, el rostro del clown, el rostro del condenado a muerte, el rostro del pandillero, el rostro de la mujer gozosa, no son rostros, son máscaras, son roles, son papeles. Las máscaras son aquello en lo que el rostro deviene cuando las estructuras sociales o del poder desplazan al sujeto y construyen al personaje del accionar público. Cuando la rostridad es escrita o pintada, la máscara del personaje cae dejando ver que no ocultaba sino la muerte del sujeto, es decir que el personaje busca completar, componer, unificar algo que es fragmentario, que está inevitablemente escindido y roto: el sujeto que no puede ser uno solo… el rostro que aparece es siempre el rostro del sujeto incompleto y deseante. El personaje es el que buscaba completarlo, ocultando al sujeto deseante para construir una totalidad. El personaje es para Aguirre el ancla que permite tensar el sentido de la rostridad: construir en la actuación para el cine el gesto de la completitud que en la pintura desarma.  

 

 A criterio de Ana Rodríguez curadora de la obra, el rostro es al sujeto (subjetivación) lo que la semilla es a la tierra: es la vida que se despliega en una duración como posibilidad específica de ese cuerpo. El retrato busca ser el rostro emergente de un sujeto.

 

El rostro es subjetivo y universal, podríamos decir que es una parodia kantiana. Cada rostro es diferente (subjetivo) pero todos tenemos uno (universal). Basta saber que estos que estamos viendo son personajes y no rostros: los rostros son los que aparecen cuando parados frente a ellos reconocemos una mirada.

 

Los rostros de la familia, amigos, conocidos y desconocidos que Aguirre pinta no son imágenes del yo, no son narcisos enamorados de su propia imagen. Son el otro en el que Aguirre se busca.

Aguirre habla de mirar a través de los rostros que pinta, de reconocer que se busca a sí mismo en los otros, no en los otros personajes, sino en los otros, sujetos ellos, que han sido arrancados a sus propios personajes.